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08 febrero, 2008

CRÓNICA DEL APASIONANTE CURSILLO DE ORACIÓN

Impaciencia, nerviosismo… no quería preguntarle a nadie que ya hubiese hecho el cursillo qué íbamos a hacer, qué iba a pasar… solo quería sorprenderme a mí misma y no llevar ya ideas prefijadas sobre lo que iban a ser esos días. Me preguntaba a mí misma si solo yo sentía esto, pero al observar las miradas de mis compañeras, de mis amigas tuve un cálido sentimiento de tranquilidad: reflejaban mis pensamientos. Miradas de alegría y de expectación.

¿Qué íbamos a hacer? , Aprender, aprender a orar. Obvio, “cursillo de oración”

No fue solo eso; fue un encuentro, en el que estás solo tú y Él, en el que verdaderamente escuchas su voz, en el que te das cuenta de que te ama, más que nada, más que nadie; en el que comprendes el tiempo que llevabas encerrado en ti mismo sin prestarle atención, haciendo oídos sordos a palabras que te repite cada mañana cuando despiertas, y cada noche cuando vas a dormir; en el que solo le importas tú, “tal como eres”, y en el que te das cuenta que no puedes vivir sin él.

El concepto prefijado que tenía de orar ha cambiado, ha crecido, ha madurado, ahora todo es…Un susurro, una mirada, una palabra, su voz… verdaderamente conocerle acercarte a él, sentirle cerca, verlo en otras personas, verlo en las personas a las que más quieres, sentir su luz, su amor, tanta vida…

Las palabras de consuelo, las de apoyo, las de cariño, la de aliento, las de no te dejaré caer, las de puedes hacerlo, yo estaré ahí, confía en mí, siéntete seguro en mí. Eso es orar, sentirle junto a ti. Mi experiencia… algo tan vacío, y ahora tan grandioso…

Escuchar una canción, cantar, rezar cantando, sentir por primera vez que mientras que suena tu voz y la de los otros, no entonáis un canto sino un rezo, en el que las palabras no se quedan en nada, perdidas, desvaneciéndose a los pocos segundos en el aire, si no que tu aliento frío se convierte en una sensación cálida en tu interior, feliz, gozosa, porque sientes que te quiere, que te agradece, que te pide esfuerzo…

Dialogar, aprender, mejorar, crecer, madurar, escuchar la experiencia de los que tienen mucha más que tú, la fraternidad, escuchar los sentimientos de aquellas con las que compartes todo, tus alegrías y tus penas, tu dolor y tu felicidad, tu comunidad. Comprender el verdadero significado de sus palabras, lo que él quería de ti, lo que él quería hacer, lo que su padre le pedía. Lo que te pide a ti, lo que te da…Una opción, tu opción de vida

Ilusión por saber, por creer en él con más fuerza, por sentir que los que te quieren creen en ti, que comparten lo mismo que tú, las mismas ganas, los mismos suspiros y que con ellos vivirás… vivirás aún más cosas… Llorar desconsoladamente porque no le encuentras, o llorar desconsoladamente porque le sientes junto a ti.

El desnudo, desnudarse en una oración ante Dios y ante tu comunidad, ante la gente a la que quieres, y sientes que Dios te llama a compartirlo todo con ellos. Motivarse para cada actividad, tan cándidamente preparada, tan minuciosa y a la vez sencilla. Cada documento cada reunión, cada reflexión, cada oración, motivarse con miradas, con sonrisas…

Salir a la calle, salir de tu burbuja, y ver que hay otras personas, a las que tu no conoces, a las que no has visto nunca y que viven y sienten lo mismo que tú, que piden lo mismo que tú en sus oraciones…

Comprender que lo fácil es vivirlo en tu círculo más cercano, pero que lo difícil es sacarlo fuera, donde hay rechazos, donde hay miedos, donde las personas te juzgan por decir que te vas 4 días a un cursillo… de oración…

Pero eso es ser cristiano, eso es ser un verdadero cristiano, no solo quedarte en la comodidad de los más cercanos, los que viven lo mismo que tú, sino enfrentarte y sacarlo fuera.
Creo que me he llevado mucho, muchísimo, me he llevado vida. La vida tan rica de 11 personas que han querido compartirlo todo conmigo.

Gracias a la fraternidad por haber venido, por haber compartido algo, quizás muy íntimo para algunos, como es su experiencia de oración, a José Andrés y Laura por no dejarnos nunca caer, por ponernos su hombro y abrazarnos… por ser nuestros guías y por ser un modelo a seguir y gracias a Juanvi, por compartir con nosotras su tiempo, sus ganas, su experiencia, su fe… su vida.

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